domingo, 11 de enero de 2015

Una ciudad en la que nunca llueve (II)

Titulo: Una ciudad en la que nunca llueve
Autor: Eduardo Flores
Editorial: Ediciones Mayi
Páginas: 251

Sinopsis:
Un escritor en horas bajas trata de salir adelante en mitad del caos en que se ha convertido su vida. Feroces devoradoras de hombres, Ella y una extraña e íntima conspiración, de la que participa incluso una ilustre fantasmagoría, harán que no le resulte nada fácil. Y es que ésta es ‘Una ciudad en la que nunca llueve’. 

Una tragicomedia en la que los temas de siempre ponen a prueba el sentido del humor y la tristeza del lector. ‘Una ciudad en la que nunca llueve’ pero donde se dan las pasiones más desmedidas y donde el desencanto se manifiesta a partir de las más ridículas situaciones. Un sitio peculiar, ácido y sin fronteras, en el que se confunden los más comunes sentimientos.

Opinión

Uno de los problemas de leer (y por tanto opinar) una novela escrita por una persona a la que conoces bastante bien es la de distanciar al autor de su obra, así como la de distanciar al lector con su autor. No es la primera vez que leo algo escrito por una persona a la que conozco, pero con esta novela la conexión es aún mayor. Yo siempre he pensando, quizás me equivoque, que el autor siempre deja algo de sí mismo en su obra, al fin y al cabo esta está hecha por un ser humano y no una máquina por lo que no es raro que aquel deje su impronta en la misma aunque no sea aparente. Al leer Una ciudad en la que nunca llueve, una novela que a mi parecer tiene un elemento íntimo, he tratado de no confundir realidad y ficción, he tratado de ni identificar autor y protagonista y he tratado de marcar distancia, no sé si al final lo he logrado o no. Así, con toda la objetividad que me ha sido posible, procedo a expresar mi opinión.

Debo empezar siendo sincera: no es el tipo de novela que entra en mis gustos, por muy eclécticos que estos sean. No por ello debo deja de reconocer varios aspectos de la misma que a mí parecer son brillantes. Debo empezar por lo más evidente, la narración en primera persona. No es la primera vez que expreso en este rincón mi desprecio por novelas que hacen uso del narrador en primera persona, y no es porque sea maniática -que lo soy-, sino porque en la mayor de los casos los autores y autores no saben como hacer uso del mismo. En esta novela el uso de la primera persona no es un capricho del autor, es una necesidad de la narración si se entiende esta como una constante conversación del protagonista consigo mismo. Es más, me tiro a la piscina y digo que el argumento de la novela más que esa aparente sinopsis que hemos puesto arriba es la reflexión del protagonista. He aquí, por tanto, el quid de la cuestión, porque el lector se puede quedar con lo aparente, es decir, con la sinopsis de que es una novela sobre un escritor en horas bajas, bla, bla, bla, o puedes profundizar en el tema y ver que es una narración  sobre un escritor que reflexiona sobre su lugar en el mundo, de hecho no creo que sea casualidad determinados escenarios de la misma, en la que el protagonista debe preguntarse sobre esa conspiración que hay en contra suya. Al menos así es como yo la he percibido, aunque también me dicen que pienso demasiado así que no sé si andaré muy acertada...

Siguiendo con el uso de la primera persona, un segundo aspecto a destacar es la inmensa habilidad que el autor demuestra a la hora de crear escenarios. En ello juega un papel esencial ese narrador que es el protagonista que habla consigo mismo y, que a su vez, describe su entorno. No es que le haga falta muchos detalles, pero la manera en que lo hace le basta al lector para concebir en su mente el escenario en el que el protagonista se mueve en ese momento. Para mí destacan dos escenas geniales, la primera de ella es la del bar y la segunda es la del teatro, en la que puedo decir que sufrí igual o más que el protagonista al que casi le sale una úlcera. 

Otro elemento destacable, y curioso, es el hecho de que los personajes carezcan de nombre. Yo creo que queda bastante claro porqué se ha decidido hacer así y no de otra forma, el autor quiere hacer ver al lector que lo importante no es el nombre sino la personalidad de los mismo, en el sentido de que quiere mostrar que ese personaje puede ser cualquier persona, al igual que la ciudad podía haber sido cualquier otra. Y otro detalle curioso en relación a los personajes es el único que tiene nombre, un personaje fantasmal que da un toque cómico y enigmático a toda la novela. 

Frente a estos aspectos positivos debo destacar lo negativo. El primero de ellos es el protagonista, y no porque esté mal construido sino por todo lo contrario. Es un protagonista que odio, un ser cínico, alcohólico, obsesionado con el sexo, pesimista, con cierto toque "romántico" pero débil en el sentido de que si puede hacer algo mal lo va a hacer. Lo odias y sientes lástima de él. Mentiría si dijera que no le deseaba lo peor mientras leía el libro. Aunque quizás ese es el encanto de la historia. Tampoco me gustó ese toque de madurez en las conversaciones con su hijo, pocos creerían que un niño hablaría de esa manera, pero como digo, eso es manía mía. 

En definitiva, pienso que Una ciudad en la que nunca llueve es una novela que hay que mascar, como los chicles. Y lo digo porque para que te guste debes entenderla, y para entenderla tienes que saber leerla y entrar en el juego al que el autor te invita de no quedarte con lo aparente. No sé si yo habré logrado entenderla en su totalidad, admito que yo soy más de historias planas en lo que se refiere a ficción (bastante tengo con lo que leo para la tesis), pero al menos espero haber aceptado el reto de no haberme dejado llevar por lo aparente. Invito a los lectores que jueguen y se animen a leerla. 

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