domingo, 1 de febrero de 2015

Intemperie

Título: Intemperie.
Autor: Jesús Carrasco.
Editorial: Seix Barral.
Páginas: 223.

Sinopsis


El niño abandona el pueblo. Lo vemos ovillado en el interior de un frío agujero mientras se escuchan de lejos y de cerca las voces de sus perseguidores. El niño huye y sus motivos son una incógnita para el lector. Cuando consigue burlar a los hombres que lo persiguen no tarda en caer en la cuenta de que su futuro es un páramo inmenso como el mundo mismo en el que imperan la sequía y las duras condiciones de un sol implacable en las horas de luz y el frío oscuro de la noche. Es un niño solo del que cuelga sobre un hombro un hatillo con apenas unos pocos -e insuficientes para la empresa- alimentos. Cuando sus pasos se cruzan con el viejo cabrero ya se encuentra sumido en el fracaso de su propia supervivencia. Es ahora cuando empieza la historia que Jesús Carrasco pretende contarnos. Muy pronto descubriremos que niño y cabrero unirán sus respectivos caminos y que tras ellos una figura siniestra, el aguacil, no descansará hasta darles caza. Sin embargo el enemigo siempre va con ellos, pisan su suelo y respiran su aire; sobrevivir a la intemperie en una tierra de castigo es un viaje hacia la desesperación que quizá no tenga retorno posible. 

Opinión


La lucha contra los elementos y la lucha contra la negrura del ser humano, eso es Intemperie. Es una historia que nunca está demás repetir y Jesús Carrasco lo sabe. Lo sabe demasiado bien. Intemperie ha sido comparada con la obra de Miguel Delibes, Cormac McCarthy y en un acto de abuso con William Faulkner. Y sí, ciertamente, no es difícil caer en el error, caer en la trampa. Se agradece una novela puramente rural en estos tiempos en los que parece hemos olvidado que existen modos de vida alejados de las grandes ciudades y sus urbanos personajes. La novela de Carrasco, publicada a principios de 2013, resultó todo un éxito y nos preguntamos las razones. 

Narrada con una prosa sospechosamente exquisita en Intemperie conviven en peligroso equilibrio la contención y el alarde léxico. Sus personajes, el niño, el viejo, el tullido y el alguacil, son arquetipos elegidos con no poca inteligencia. Elementos que volcados en la violencia de lo natural se mueven con soltura como proyecciones de conceptos que tenemos bien aprendidos desde nuestra infancia. Carrasco nos desnuda hasta dejar al humano que somos en poco más que criaturas elementales. Sabe que para contar esta historia ha de hacer partícipe al lector, que para conseguir transmitir ha de incluirnos en el escenario y para ello, se recrea en el detalle, en la descripción profunda; ha de conseguir que respiremos el olor a cuero del ronzal así como de las deposiciones de una cabra. Se podría decir que el autor nos cuenta en doscientas páginas lo que bien se pudo haber escrito en quince o veinte. Pero no es cierto, y Carrasco lo sabe, demasiado bien lo sabe. De entre los autores con que ha sido comparado Jesús Carrasco podemos descartar a Faulkner y a Delibes, si bien es cierto que por momentos la historia pueda evocarnos a El camino de este último. 

No se aprecia en Intemperie una voz auténtica y ningún estilo; y sí -por qué no decirlo- una lograda imitación. La historia pide a gritos una sintaxis más heterodoxa. Jesús Carrasco acertó con los personajes y acertó con el escenario en el que colocarlos, falló sin embargo en su modo de construir frases y párrafos, tan minuciosamente estudiados y medidos. Hace un uso acrobático del diccionario -cuando no del vocabulario de los volúmenes de McCarthy- pero se olvida del lenguaje, puro hasta en las metáforas más atrevidas. Y es que al final Intemperie no es más que un artefacto literario en el que se habla de sangre pero sin sangre. Del mismo modo que podemos descartar a Faulkner y a Delibes debemos decir que Carrasco se ha dado un buen atracón de McCarthy, porque no hay nada -nada en absoluto- en su novela, que no haya surgido del autor norteamericano. No hablo de plagio, por supuesto, hablo de una carencia total de autenticidad, pecado capital en el arte literario. Se podría decir que para leer Intemperie uno podría decidirse como una mejor opción leer La carretera. Es la misma historia y el mensaje, el mismo. Pero no nos quedemos sólo con eso. Si el lector quiere saborear mejor al niño de Intemperie o al alguacil y la relación entre ambos, bien puede acercarse a Meridiano de sangre, y allí, deleitarse con el niño -con ese niño de La carretera en una impensable secuela en la que el mal ya ha hecho de las suyas- y el impresionante juez Holden. En ambas novelas de McCarthy -así como en la que se ha dado en llamar la trilogía de la frontera- encontrarán sospechosamente iguales los términos empleados por el traductor del de Knoxville, Luis Murillo Font, en el trato con los animales, por no decir la forma en que se hace uso de las descripciones. 

Pero seamos justos. Insisto en que se agradece leer una novela como Intemperie si los gustos de lectura van en esa línea de lo rural, y apuesto a que si no se ha leído antes a McCarthy puede llegar a resultar una lectura sorprendente. Si me preguntan por su éxito, bueno, queda claro que Jesús Carrasco apenas disimula llevar bajo la manga la fórmula de la Coca Cola.


Reseña realizada por Eduardo Flores. 

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