miércoles, 29 de abril de 2015

Galveston


Título: Galveston
Autor: Nic Pizzolato
Editorial: Salamandra
Página: 288

Sinopsis

A Roy Cady, matón de poca monta al servicio del capo Stan Pitko, le diagnostican cáncer de pulmón, por lo que no vivirá mucho tiempo. Para colmo de males, su jefe no soporta que su actual conquista, Carmen, estuviera anteriormente liada con Cady, por lo que decide quitárselo de encima enviándole a una trampa mortal, con la que le tiene planeado ejecutarle a él y a otros personajes molestos. 

Por un golpe de fortuna, Cady es capaz de deshacerse en el último momento de los asesinos que le han tendido una trampa, y acaba huyendo junto a Rocky –una joven prostituta presente en el lugar de la masacre– a la ciudad costera de Galveston, en el Golfo de México, donde recuerda haber pasado una semana feliz con una ex novia años atrás. Por el camino, la chica recoge a una niña... 

Opinión 

Hay que investigar un poco para conocer la faceta literaria de Pizzolato. Y supongo que solo él sabrá en que momento decidió cambiar de formato para contar sus historias, después de un libro de relatos y esta novela. Pero estoy seguro de que los amantes de True detective disfrutarán con Galveston, ya que la estructura y sus personajes tienen el sello del autor. La narración de Pizzolato engancha y las vidas que plasma son palpables, así como sus motivaciones reales. 

El autor comprende nuestras necesidades y nuestros anhelos. Pero sabemos que Cady no tendría en un fotograma la mirada analítica de Rust Cohle. Los paisajes desoladores han dado lugar a una playa en la que buscar la salvación. Y el camino del personaje principal pasa por aprender a morir correctamente. 

El ritmo de las escenas de acción es espectacular. Si hay algo que me gusta de aquellos que dominan el género negro es el hecho de saber ir al grano. En este libro nos metemos en la piel del personaje y nos encariñamos. Por muy matón que sea, Cady ha descubierto que se morirá de cáncer y juntos recorreremos el camino de la redención. Sentiremos cada uno de los recuerdos en los que Cady se plantea si su vida ha valido la pena. Si ha vivido con sentido.

Y también es llamativa la facilidad con la que Pizzolato describe escenas. Se nota su amor al cine y en ese sentido quizá podamos encontrar una explicación de ese cambio hacía la narración audiovisual. Es un autor que busca la perfección en la estructura, en su estructura. Con recuerdos y flashbacks. Con cambios continuos. Y en el presente, en aquellos diálogos que requieren espontaneidad y naturalidad, él sabe muy bien como poner la puntillita para conocer la voz de los personajes; la manera en la que Rocky coge el cigarro mientras habla, o los movimientos de Cady mientras escucha. Porque él asiste como nosotros, lectores, a una historia llena de situaciones emocionales, acción, reflexiones y muchas de las cosas que los aficionados al género buscamos.

Solo me queda, después de este vacío que te deja Pîzzolato con su historia, la sensación de haber intimado con el autor. Y gracias a esta sensación, me veo en el privilegio de asumir la responsabilidad de reprocharle un final que no me ha gustado para Cady, para nosotros. 

Ustedes sabrán si ha merecido la pena el viaje a Galveston, si es que lo acaban de leer. A mi sí.

lunes, 27 de abril de 2015

El umbral de la eternidad

Título: El umbral de la eternidad
Autor: Ken Follet
Editorial: Plaza & Janes Editores
Páginas: 1152

Sinopsis
Después de La caída de los gigantes y El invierno del mundo llega el final de la gran historia de las cinco familias cuyas vidas se han entrelazado a través del siglo XX. En el año 1961 Rebecca Hoffman, profesora en Alemania del Este y nieta de lady Maud, descubrirá que la policía secreta está vigilándola mientras su herma no menor, Walli, sueña con huir a Occidente para convertirse en músico de rock. George Jakes, joven abogado que trabaja con los hermanos Kennedy, es un activista del movimiento por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos que participará en las protestas de los estados del Sur y en la marcha sobre Washington liderada por Martin Luther King. En Rusia las inclinaciones políticas enfrentan a los hermanos Tania y Dimka Dvorkin. Este se convierte en una de las jóvenes promesas del Kremlin mientras su hermana entrará a formar parte de un grupo activista que promueve la insurrección. Desde el sur de Estados Unidos hasta la remota Siberia, desde la isla de Cuba hasta el vibrante Londres de los años sesenta, El umbral de la eternidad es la historia de aquellas personas que lucharon por la libertad individual en medio del conflicto titánico entre los dos países más poderosos jamás conocidos.

Opinión
Partiendo de que los libros de Ken Follet suelen volar en mis manos y que con el último de la trilogía The Century he tardado meses, queda claro que no ha logrado el tono que sí había conseguido en los anteriores. Quizá sea que la tercera generación de las familias no daba el mismo juego; tal vez que la repetición de roles respecto a los anteriores volúmenes; o, quizá que el periodo no era igual de jugoso, pero lo cierto es que hasta el final -llegando ya a la caída del Muro- el libro se antoja flojo. Un "más de lo mismo" que repite la formula mágica pero cuyos personajes principales -quitando, para mí George y Tania- se hacen aburridos y demasiado fantásticos (¡ay!, la vida de Walli); y, sin embargo, deja en segundo plano a personajes que pudieron dar más de sí  como Verena, María Summer o Jasper Murray. Es el mayor error que le veo a la novela, al tener que primar las líneas familiares de las dos primeras entregas, ha dejado de lado a personajes que, por los lugares en los que él mismo los ubica, resultan más carismáticos que los propios protagonistas.

Además, en los primeros capítulos la obra se muestra falta de ritmo y no será hasta la muerte de Kennedy cuando los acontecimientos se precipiten quizá demasiado y, curiosamente, convirtiéndose en una virtud pues logra reflejar las décadas de los 70 y 80 -el libro concluye en 1989- con cierta precisión, pero cayendo en algunos tópicos como el amor libre. Pasa, sin embargo, de puntillas por la Guerra de Vietnam, que tanto marcó a Estados Unidos, o la política neocolonial en África.

Pese a todo, la trilogía The Century es una manera amena de acercarse y conocer algo más del siglo XX y, como en otras ocasiones, aunque quizá menos en el tercer libro, Ken Follet logra dar con la tecla mágica del best-seller.

miércoles, 15 de abril de 2015

Democracia

Título: Democracia
Autor: Pablo Gutiérrez
Editorial: Seix Barral
Páginas: 240

Sinopsis


Septiembre de 2008: la caída de Lehman Brothers hace temblar al mundo. Marco tiene una hipoteca y muchos planes de futuro, pero ese mismo día es despedido. Su tragedia no es peor que la de millones de personas, su reacción sí lo es: de noche, Marco sale a la calle y comienza a escribir versos en las paredes de la ciudad, convirtiéndose en fuente de inspiración para tres jóvenes anarquistas. George Soros, el mega inversor antisistema que amasó una fortuna con la burbuja financiera, inspirará a Marco para vengarse de su jefe. Democracia es la intrahistoria de una prosperidad simulada que acabó destruyendo miles de vidas anónimas como la de Marco. Un brusco despertar al fin del mundo ficticio de la felicidad instantánea, el dinero fácil y la hipoteca abierta. 

Opinión

Las circunstancias determinan nuestros actos. Es inevitable. Se ha de hacer un enorme esfuerzo para alcanzar el punto desde el que nuestra perspectiva nos permita después adoptar la actitud correcta. Pero eso es imposible. Así pues, con estos pequeños inconvenientes, el individuo occidental, se vio atrapado desde el año 2008 en una trampa mortal que llegó como llegaron los impactos en Hiroshima y Nagasaki. 

Estas palabras que bien podrían resumir un hecho de nuestro pasado y nuestro presente olvidan u obvian material sensible. Nos interesa el factor humano; aunque lo ignoremos, aunque miremos hacia otro lado las más de las veces. La sociedad no se admite y no se conoce a través de las imágenes aceleradas de los telediarios. ¿Qué podemos hacer? No sabemos qué pasó en 2008 ni sabemos en qué nos convirtió lo que ocurrió en 2008; y a lo mejor sabemos que perdimos nuestro empleo y que después ya fue imposible; sabemos que nos divorciamos, que perdimos la casa por la que tanto habíamos luchado; sabemos que fue después de 2008 cuando los tratamientos que demandaba la enfermedad que aquejaba a nuestro pequeño desde su nacimiento nos llevaba a una línea de pensamiento horripilante y agresiva. Sin embargo, insisto, ignoramos que pasó en 2008 y en qué clase de persona nos convertimos. El diario no hablaba de ti. Ni de mí.

La vida de Marco es un botón de muestra. Un chico joven acomodado (¿acomodado?) en la seguridad de un empleo estable relacionado con la construcción de viviendas. Tenía una vida por delante, en casa siempre se encontraba con Julia. En su pasado una madre, una de las tantísimas que soportaron el peso de su tiempo por un futuro menos gris. Una madre que descubre a un artista en su hijo, tal vez un nuevo Modigliani. El futuro llegó, luego Marco tenía una vida por delante, a base de escuadra y cartabón, tan lejos de Modigliani. Hasta 2008.

Las reglas del juego habían cambiado en el mundo financiero. ¿Quién lo hizo posible? Todo valía desde no se sabe cuándo. La economía facilitaba el auge de empresas tan nocivas como Lehman Brothers. La realidad entonces era tan hermosa, para todos. Pasa entonces que los castillos de arena no son como los que se construyen sobre firmes cimientos y con rocas inmutables al golpear de los vientos. El espejismo se iba desvaneciendo a medida que nos acercábamos al horizonte. El castillo de arena de Lehman Brothers se descomponía en un sálvese quien pueda en el que era imposible salvarse. Ocurrió en 2008. En ese mismo momento Marco era despedido. Dejaba de tener una vida por delante.

La larga cadena que unía a Marco con Lehman Brothers se componía de una infinitud invisible de eslabones, desde los politólogos o los filósofos a los gurús económicos como Geroge Soros pasando por las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos y los medios de comunicación, reduciendo muy mucho al mínimo común divisor. El mundo se había roto. Ocurrió en 2008. La teoría del caos se manifestó en la personalidad de un único hombre que tenía toda una vida por delante. Lo que ocurre después nos lo cuenta Pablo Gutiérrez en Democracia. Y de qué manera.

Pablo Gutiérrez nos sugiere una muestra de lúcidas fotografías haciendo indistinguible la prosa de la poesía. En dichas fotografías laten los corazones de los seres humanos reales frutos de su ficción. No lo hace como lo haría un libre pensador -que sin duda lo es, no se casa con nadie, víctimas y verdugos pueden ser la misma criatura, el mal y el bien se dan en el multimillonario y en el pobre-, Pablo Gutiérrez escribe rabiosamente como un libre observador, un analista de las emociones. Lo imagino componiendo párrafos apretando los dientes y con el último aliento aferrándose a sus pulmones, sus tripas se estremecen rememorando por escrito lo que sus ojos testificaron de primera mano en la tragedia que se volcaba sobre un mundo descontrolado. Tiene las mejillas sucias como un niño futbolista. Se sienta sobre el hormigón y apoya la espalda en el murete, es temprano, el sol refracta esa luz blanca de mañana larga y disponible. La polea del ascensor traquetea descolgándose y rebobinando en su función de devolver a los vecinos al cauce. El bullicio de la calle transpira vitalidad y optimismo, rostro lavado y fresco. Las cafeterías resoplan, la varilla del hervidor silba como un flautista, los platos, las cucharas y los sobres de azúcar dispuestos sobre la barra son un ejército de escudo, maza y morral, imposible llorar allí, hundirse, preferir astillas en las uñas cuando todo funciona de un modo tan admirable...  Es así que surge Marco, un individuo, víctima y verdugo, una circunstancia, un daño colateral. Marco es una línea argumental viva. Despierta en el lector sentimientos encontrados, nos compadecemos de él porque no puede ver o no estaba preparado para ver (¿por qué no?) que las cosas se podían hacer de otra manera, incluso cuando nos vienen mal dadas y el mundo a nuestro alrededor se desmorona, sin saber cómo ha ocurrido. Pero una línea argumental es Marco.  El eje de Democracia es Marco, a su alrededor el mundo convulsiona. El autor parece perplejo por cómo se van colocando sus palabras en el blanco hambriento del cuerpo de texto. Cabalga la alegoría -Maziacs, videojuego del Spectrum 48k, un héroe dibujado como la víctima del ahorcado, una espada, un monstruo Maziacs y un tesoro- y surfea la ola perfecta del estilo directo - Marco es el héroe, Julia es la espada, el tesoro son las letras consecutivas pagadas cada mes, Maziacs es el joven director general-. Un Marco vencido antes de la guerra pinta con el color de la utopía y los versos de Baudelaire las paredes de la ciudad. Pablo Gutiérrez sigue pasando las diapositivas, ahora Julia, ya mujer antes de ser niña, un esto no lo quiero para mí de la infancia, un no era esto para lo que nos fuimos a vivir juntos después. Mientras tanto nos enteramos por primera vez de los orígenes de George Soros ¿quién es Soros? En esta magnífica novela es un multimillonario con una forma particular de entender la filantropía y una caricatura del Soros de las páginas de economía de los periódicos, un Confucio para el nuevo siglo, el hierofante que acudió al Congreso de los Estados Unidos para explicar qué había salido mal, para dar una misa por una historia que no puede acabar bien.

Con una voz personalísima Pablo Gutiérrez aprieta el clic de su máquina fotográfica y se ocupa del factor humano del desastre. Pasa de puntillas por el 15M dejando entrever lo que tampoco supimos entender de aquel momento que fue realmente extraordinario. Marco se venga del mundo en su campaña inconsciente, lo adoramos ahora. Inspira a los radicales, a los yonquis de la guerra urbana, se siente acogido por sus nuevos amigos antisistema, la venganza puede no acabar bien, nos compadecemos. Cita Pablo Gutiérrez a Schopenhauer: El estado no es más que el bozal que tiene por objeto volver inofensivo a ese animal carnicero, el hombre, y hacer que tenga el aspecto de hervíboro. Democracia es el título de toda una serie de trágicos retratos. Suspiramos y contraemos el gesto con el pasar de las páginas, si hay esperanza en ellas o no lo dejamos a la reflexión final del lector.

Democracia es literatura urgente para viandantes, un poema de un par de cientos de páginas, un "Guernica" inteligible difícil de digerir por la verdad que nunca quisimos y querremos ver, pero un regalo literario es leer Democracia, y Pablo Gutiérrez es su autor. Leer a Pablo Gutiérrez es asistir a un acto de valentía y a un banquete para quienes gustan de lecturas sustanciosas. La sociedad no se admite y no se conoce a través de las imágenes aceleradas de los telediarios. Para el material sensible y el conocimiento y en definitiva, para una sociedad capacitada para enfrentar los tiempos que corren, es necesaria una literatura más allá del producto, no hay otro camino, la cultura como la herramienta indispensable. Una gota de esperanza: desde que Pablo Gutiérrez escribe el mundo es un lugar mejor, que no nos quepa la menor duda. 

Reseña realizada por Eduardo Flores de La victoria de la carne

lunes, 13 de abril de 2015

Las tres bodas de Manolita

Título: Las tres bodas de Manolita
Autora: Almudena Grandes
Editorial: Tusquets Editores
Páginas: 768

Sinopsis

En los buenos tiempos, las chicas se casan por amor. En los malos, no siempre pueden elegir. En el Madrid recién salido de la guerra civil, sobrevivir es un duro oficio cotidiano. Especialmente para Manolita, una joven de dieciocho años que, con su padre y su madrastra encarcelados, y su hermano Antonio escondido en un tablao flamenco, tiene que hacerse cargo de su hermana Isabel y de otros tres más pequeños. A Antonio se le ocurrirá una manera desesperada de prolongar la resistencia en los años más terribles de la represión: utilizar unas multicopistas que nadie sabe poner en marcha para imprimir propaganda clandestina. Y querrá que sea su hermana Manolita, la señorita «Conmigo No Contéis», quien visite a un preso que puede darles la clave de su funcionamiento. Manolita no sabe que ese muchacho tímido y sin aparente atractivo va a ser en realidad un hombre determinante en su vida, y querrá visitarlo de nuevo, después de varios periplos, en el destacamento penitenciario de El Valle de los Caídos. Pero antes deberá descubrir quién es el delator que merodea por el barrio.

Opinión

Las tres bodas de Manolita es la tercera de una serie de novelas que compondrán una saga que Almudena Grandes ha bautizado con el nombre de Episodios de una Guerra Interminable, haciendo un guiño, quizás, a los Episodios nacionales de Galdós. Esta es una novela que, según sus palabras, es una obra de ficción basada en acontecimientos históricos reales y, ya según mi opinión, desgarradores. Los hechos de una guerra y una posguerra brutal que barrió a la población española para dejarla sin nada. Pese a formar parte de una saga, Las tres bodas de Manolita puede leerse de manera independiente, es decir, que puede ser leída y comprendida sin haber leído las anteriores, algo que me gusta personalmente porque no te obliga a leer el resto de la saga sino te interesa y a mí únicamente me interesaba esta novela.

A pesar de que a primera vista pueda parecer que "Manolita" es la protagonista de una novela cuyo hilo argumental gira en torno a ella, lo cierto es que es una historia coral ya que está llena de personajes quienes en determinado momento tiene su importancia. Este hecho ha provocado que Grandes elija un estilo narrativo algo peculiar, utilizando la primera persona para la línea argumental dedicada a Manolita, pero haciendo uso de la tercera persona en las "biografías" insertas de determinados personajes. Esto puede ser de gran utilidad para que el lector no olvide de que la novela gira en torno a Manolita, pero que no se debe de olvidar ni restar importancia al resto de los personajes que de alguna manera u otra contribuyen para que el destino de Manolita sea uno y no otro. Estas biografías pueden parecerle al lector poco paciente que distraen y ralentizan la narración, pero una novela como esta no puede leerse a la ligera, debe saborearse y debe, sobre todo, digerirse poco a poco. Las biografías sirven para dos cosas: para que conozcamos a los personajes de principio a fin, por ejemplo, al Palmera, a Eladia, a Antonio Perales y, sobre todo, a Roberto Conesa, pero también sirven para que entendamos por qué tienen su importancia en un momento determinado de la novela así como para que entendamos por qué actúan como actúan. También sirven para que conozcamos el destino de todos ellos, algunos buenos, otros no tanto. Sin embargo, Grandes hace un esfuerzo para que no olvidemos que es Manolita y sus bodas lo que importa, la base de toda la narración y para ello la hace más personal mediante el uso de la primera persona que, aunque suele ser una técnica narrativa que no me gusta, he de decir que en este caso está muy bien realizada.

Almudena Grandes ha decidido reflejar en esta novela la historia de las víctimas colaterales de una guerra brutal: la Guerra Civil Española. La historia de aquellas mujeres que cumplían una pena aunque no hubieran sido juzgadas por un tribunal, de aquellas reclusas que vivíamos fuera de los muro de las cárceles, como muy bien explica la protagonista de la historia, pues Manolita no puede ser más que el mejor ejemplo de esas mujeres: hija, hermana y novia de prisioneros. Mujer que vive en una cola eterna hacia el infierno donde se hacinaban hombres hambrientos, harapientos y desesperanzados por el resultado de una guerra que creían ganada. Una visión de la posguerra a veces ignorada y poco tratada en la ficción, pero que aquí se muestra en su mayor esplendor y para ello Grandes hace uso de una serie de hechos reales profundamente desgarradores, hechos reales que se entremezclan con los ficticios que, en cierta manera, no dejan de ser reales también. Manolita nunca existió pero pudo haber existido, y eso es lo más duro de esta novela: que Manolita pudo haber existido. Que Manolita, en realidad, sí existió aunque no se llamara Manolita. 

En mi opinión no hay nada mejor que pueda hacer un libro que el de transmitir una serie de sentimientos y de conocimientos. Desde que empecé a leer  Las tres bodas de Manolita me di cuenta que era una de esas novelas que te llegaban al alma. Cuando terminé de leerla sabía que había aprendido mucho no solo históricamente, sino también sobre la fortaleza de aquellas mujeres que vivían en un infierno simplemente por ser madres, esposas, hijas o nietas. Y creo que es por eso por la que he disfrutado sufriendo con Manolita, pero también con Isabel, Eladia, Rita, etc. He disfrutado sufriendo porque a pesar de que lo que leía no era bonito, lo que me transmitía Manolita sí lo era y con eso me he quedado y con su magnífico final: "No me arrepiento". No puedo evitar imaginar la cantidad de mujeres que han dicho y siguen diciendo: "No me arrepiento". Quizás es que siento debilidad por las historias protagonizadas por mujeres que aparentemente no son fuertes, pero que en realidad sí lo son.

También es una novela que me ha permitido conocer nuevos hechos de una parte de la Historia que no manejo, es más, me ha motivado para que busque información de hechos de los que yo no tenía ni idea, como la existencia de los campamentos penales en Cuelgamuros donde se estaba construyendo el famoso Valle de los Caídos, o la figura de Roberto Conesa "el Orejas" como el gran delator y el gran antagonista de la novela. En este sentido es de destacar el apéndice que la autora incluye al final de la novela en el que no solo concluye de manera definitiva la historia de Manolita, sino en el que además hace referencia a todos  aquellos testimonios, vivencias y recursos que le han servido de base para construir su historia. Un apéndice que yo he valorado positivamente.

En definitiva, poco puedo añadir que no haya dicho ya, Las tres bodas de Manolita me ha parecido una novela magnífica, de esas que se saborean y se digieren y que te dejan reflexionado durante días. Una novela para sufrir y para aprender. Una novela para leerla de manera lenta para captar cada aspecto. Y, principalmente, una novela para concienciar. 

miércoles, 8 de abril de 2015

Kassel no invita a la lógica



Título: Kassel no invita a la lógica.
Autor: Enrique Vila-Matas
Editorial: Seix Barral
Páginas: 304.

Sinopsis
Una extraña llamada interrumpe la rutina de un escritor. La enigmática voz femenina al otro lado de la línea le dice que los McGuffin quieren invitarlo a cenar para desvelarle la solución al misterio del universo. Pronto descubrirá que se trata de una convocatoria para participar en la Documenta de Kassel, la mítica feria de arte contemporáneo, donde su cometido será convertirse en instalación artística viviente y sentarse a escribir cada mañana en un restaurante chino de las afueras. En Kassel, el escritor comprueba sorprendido que su estado de ánimo no decae al atardecer y que, en cambio, el optimismo lo invade mientras pasea impulsado por una energía inagotable que late en el corazón de la feria. Es la respuesta espontánea e imaginativa del arte que se levanta contra el pesimismo. Con humor, hondura y lucidez, Enrique Vila-Matas cuenta la historia de una gran expedición: la del paseante solitario que, rodeado de rarezas y maravillas, se atreve a traducir un idioma que no conoce, participa en bailes invisibles, pernocta en su particular tierra prometida y, finalmente, encuentra un hogar en el camino. Desde su terraza de Kassel, este paseante nos invita a ver el mundo desde otro ángulo y desvela la esencia misma de la literatura: la razón, la verdadera razón, para escribir.

Opinión
Es inevitable respirar la duda en cada una de sus líneas. Dudar no sólo es sano, debe pensar Enrique Vila-Matas, es lo necesario. Necesario para qué. Para vivir probablemente, como unidad humana o como colectivo. Y qué mejor objeto para la duda que la razón de ser del arte, tan infravalorado en estos tiempos; qué mejor lugar que la ciudad de Kassel, escenario cada lustro de la más grande y heterogénea exposición de arte contemporáneo y vanguardista, la Documenta. Italo Calvino puso por escrito que la ciudad de Turín invitaba a la lógica y que la lógica llevaba a la locura, tal fuera por ello que en Turín se quitarán también la vida por su propia mano Emilio Salgari, Cesare Pavese o Primo Levy. ¿Ocurría en Kassel -ciudad donde los hermanos Grimm recopilasen sus cuentos, donde la Segunda Guerra Mundial dejase una enorme huella macabra, donde se alza la broncínea musculatura de Hércules- el efecto contrario? Desde luego Kassel parece no invitar a la lógica.

Hasta allí se va nuestro amigo Enrique Vila-Matas. Es imposible no sentirlo así cuando nos escribe, se genera cierta complicidad, se le perdonaría casi cualquier cosa, es nuestro amigo quien nos habla. El personaje sostiene un argumento tedioso en apariencia, marca de la firma, un argumento excusa y un argumento finalmente justificado. Impulsado por el miedo tal vez, así lo sugiere, nos parece más bien impulsado por esa curiosidad que se le presupone al escritor y que, en Vila-Matas, ya nos ha regalado no pocas alegrías literarias. Así que vía Frankfurt nuestro personaje protagonista, el mismo de siempre, un Vila-Matas caricaturizado, se presenta en Kassel después de haberle dado algunas vueltas al asunto. Viaja plenamente consciente de su bipolar estado de ánimo: euforia por las mañanas y melancolía por las tardes. Ya nos ha abierto las puertas a la duda. El arte, su razón de ser, late en cada párrafo. Para ello nos habla de la vida, de una vida extraña cuyo sentido tal vez se entienda por medio de su valor estético tal y como explicara Safranski en su Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán a través de unas palabras del muy admirado por Vila-Matas, Nietzsche: Solamente como fenómeno estético están eternamente justificados el mundo y la existencia. La cita parece quedar suspendida en el aire durante toda esta pequeña gran aventura en Kassel del autor catalán, y es importante no olvidarla para una buena comprensión de la obra.

Nuestro personaje es invitado a la Documenta 13 para formar parte de ella. Lo hará como escritor invitado a escribir cara al público en un restaurante chino a las afueras de la ciudad. Ha de pagar ese precio si realmente está interesado en descubrir la solución al misterio del universo y a iniciarse en la poesía de un álgebra desconocida. Así prefiere verlo, de tal modo se convence de la necesidad del viaje. Pero no es una aventura quebrantar el trabajo del escritor tan íntimamente ligado a la soledad. O tal vez sí. O tal vez sea justamente que para alcanzar los fines propuestos o imaginados nuestro personaje deba exhibirse al modo de una obra de arte. Es complicado.

Es el Vila-Matas paseante en Kassel quien nos habla. Ya sea en soledad o acompañado por el enigma que entrañan cada una de las mujeres que trabajan para la muestra, nuestro personaje visita cada una de las obras que la Documenta nos ofrece. En palabras de Carolyn Christov-Bakargiev, la mayor responsable de Documenta 13: Asumo el riesgo de desconcertar a muchos. Esta edición carece de concepto. Ante el hecho de que existe una multitud de verdades válidas, nos enfrentamos permanentemente a interrogantes insolubles. De ahí la posibilidad de no escoger o de escoger alque que sabemos también parcial o inevitablemente falso. Lo que se verá en Kassel será arte o quizás no. Pronto nuestro Vila-Matas personaje se dará cuenta que dichas obran se alejan por completo del concepto más popular del arte. Un salón completamente a oscuras habitado por silenciosos bailarines susurrantes, el frío soplo de aire en la nunca en un callejón, una montaña de escoria o un jardín de humus con un galgo español que lleva una de sus patas pintada de rosa, son algunos ejemplos. El narrador, nuestro personaje, se recrea en la descripción de dichas obras. Sabe, y también nosotros ya lo sabemos, que es imposible apreciar el juego en cada una de ellas, todas como una propuesta más que como idea, un arte sensorial, un arte que se vive.

Un arte que invita a la duda y cómo no, a la reflexión. Enrique Vila-Matas se moja, de forma directa a veces y en otras haciendo lo que mejor sabe hacer, a través de la mera narración de unos hechos. A medida que pasan los días algo va cambiando en él. Su bipolar estado de ánimo le parece alterado. En principio le cuesta saber si se trata de un avance en sus ridículas rarezas o es el lugar. ¿Acaso algo se ha abierto camino en su mente de creador literario? ¿Acaso esta nueva forma de vivir el arte ha tenido que ver en la desaparición de su melancolía vespertina? En cualquier caso, Enrique Vila-Matas nos sorprende con una novela optimista. ¿Quién había dicho que el arte contemporáneo estaba de capa caída? Sólo los intelectuales de países incultos como el mío podían llegar a pensar este tipo de barbaridades. Bien por Vila-Matas. El arte del mundo estaba muy vivo, era la única ventana abierta que les quedaba a los que todavía buscaban la salvación del espíritu. Tal vez sí, tal vez no, la afirmación es elegante al menos.

Nos gusta Enrique Vila-Matas cuando es el magnífico teórico que se dedica sobre todo a novelar, explorando el ilimitado campo de la ficción apostando siempre al doble. Sus historias acaban por llevar al lector a un ya me ha vuelto a liar otra vez.  Las novelas de este autor catalán no tienen ni principio ni final. Su obra es una evaluación continua y siempre inacabada, toda ella una cuestión profunda tratada con sencillez, el lector nunca deja de estar cómodo. Para los más hambrientos de la clase sus novelas son centones basados en el lenguaje del hipertexto. La novela de Vila-Matas continúa en cada una de las muchas citas y los muchos autores que albergan sus páginas. Conoce bien el lugar que ocupa en el panorama literario en lengua española, lo asume,  y es sin embargo nuestro autor más europeo, dato a señalar muy especialmente en este librito, tal vez por aquello de la poesía de álgebra desconocida. Un hombre obsesionado con la literatura es Enrique Vila-Matas. No me resisto a acabar esta recomendación con un extracto de Kassel no invita a la lógica:

No creo que la gente tenga ningún problema con el arte, en general no tiene ningún problema con la cultura, el problema lo tiene la política, que no sabe muy bien qué es la cultura...y hoy más que nunca necesitamos otras voces porque las que estamos escuchando son pesadas repeticiones de lo que venimos oyendo toda la vida...¿Te acuerdas de Flaubert cuando cuenta en una carta que va a palacio y se presenta ante el príncipe Napoleón, pero éste ha salido? He oído cómo hablaban de política, escribe Flaubert, les he escuchado y es algo inmenso, ¡es tan vasta e infinita la Estupidez humana!

Reseña realizada por Eduardo Flores de La victoria de la carne