miércoles, 15 de abril de 2015

Democracia

Título: Democracia
Autor: Pablo Gutiérrez
Editorial: Seix Barral
Páginas: 240

Sinopsis


Septiembre de 2008: la caída de Lehman Brothers hace temblar al mundo. Marco tiene una hipoteca y muchos planes de futuro, pero ese mismo día es despedido. Su tragedia no es peor que la de millones de personas, su reacción sí lo es: de noche, Marco sale a la calle y comienza a escribir versos en las paredes de la ciudad, convirtiéndose en fuente de inspiración para tres jóvenes anarquistas. George Soros, el mega inversor antisistema que amasó una fortuna con la burbuja financiera, inspirará a Marco para vengarse de su jefe. Democracia es la intrahistoria de una prosperidad simulada que acabó destruyendo miles de vidas anónimas como la de Marco. Un brusco despertar al fin del mundo ficticio de la felicidad instantánea, el dinero fácil y la hipoteca abierta. 

Opinión

Las circunstancias determinan nuestros actos. Es inevitable. Se ha de hacer un enorme esfuerzo para alcanzar el punto desde el que nuestra perspectiva nos permita después adoptar la actitud correcta. Pero eso es imposible. Así pues, con estos pequeños inconvenientes, el individuo occidental, se vio atrapado desde el año 2008 en una trampa mortal que llegó como llegaron los impactos en Hiroshima y Nagasaki. 

Estas palabras que bien podrían resumir un hecho de nuestro pasado y nuestro presente olvidan u obvian material sensible. Nos interesa el factor humano; aunque lo ignoremos, aunque miremos hacia otro lado las más de las veces. La sociedad no se admite y no se conoce a través de las imágenes aceleradas de los telediarios. ¿Qué podemos hacer? No sabemos qué pasó en 2008 ni sabemos en qué nos convirtió lo que ocurrió en 2008; y a lo mejor sabemos que perdimos nuestro empleo y que después ya fue imposible; sabemos que nos divorciamos, que perdimos la casa por la que tanto habíamos luchado; sabemos que fue después de 2008 cuando los tratamientos que demandaba la enfermedad que aquejaba a nuestro pequeño desde su nacimiento nos llevaba a una línea de pensamiento horripilante y agresiva. Sin embargo, insisto, ignoramos que pasó en 2008 y en qué clase de persona nos convertimos. El diario no hablaba de ti. Ni de mí.

La vida de Marco es un botón de muestra. Un chico joven acomodado (¿acomodado?) en la seguridad de un empleo estable relacionado con la construcción de viviendas. Tenía una vida por delante, en casa siempre se encontraba con Julia. En su pasado una madre, una de las tantísimas que soportaron el peso de su tiempo por un futuro menos gris. Una madre que descubre a un artista en su hijo, tal vez un nuevo Modigliani. El futuro llegó, luego Marco tenía una vida por delante, a base de escuadra y cartabón, tan lejos de Modigliani. Hasta 2008.

Las reglas del juego habían cambiado en el mundo financiero. ¿Quién lo hizo posible? Todo valía desde no se sabe cuándo. La economía facilitaba el auge de empresas tan nocivas como Lehman Brothers. La realidad entonces era tan hermosa, para todos. Pasa entonces que los castillos de arena no son como los que se construyen sobre firmes cimientos y con rocas inmutables al golpear de los vientos. El espejismo se iba desvaneciendo a medida que nos acercábamos al horizonte. El castillo de arena de Lehman Brothers se descomponía en un sálvese quien pueda en el que era imposible salvarse. Ocurrió en 2008. En ese mismo momento Marco era despedido. Dejaba de tener una vida por delante.

La larga cadena que unía a Marco con Lehman Brothers se componía de una infinitud invisible de eslabones, desde los politólogos o los filósofos a los gurús económicos como Geroge Soros pasando por las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos y los medios de comunicación, reduciendo muy mucho al mínimo común divisor. El mundo se había roto. Ocurrió en 2008. La teoría del caos se manifestó en la personalidad de un único hombre que tenía toda una vida por delante. Lo que ocurre después nos lo cuenta Pablo Gutiérrez en Democracia. Y de qué manera.

Pablo Gutiérrez nos sugiere una muestra de lúcidas fotografías haciendo indistinguible la prosa de la poesía. En dichas fotografías laten los corazones de los seres humanos reales frutos de su ficción. No lo hace como lo haría un libre pensador -que sin duda lo es, no se casa con nadie, víctimas y verdugos pueden ser la misma criatura, el mal y el bien se dan en el multimillonario y en el pobre-, Pablo Gutiérrez escribe rabiosamente como un libre observador, un analista de las emociones. Lo imagino componiendo párrafos apretando los dientes y con el último aliento aferrándose a sus pulmones, sus tripas se estremecen rememorando por escrito lo que sus ojos testificaron de primera mano en la tragedia que se volcaba sobre un mundo descontrolado. Tiene las mejillas sucias como un niño futbolista. Se sienta sobre el hormigón y apoya la espalda en el murete, es temprano, el sol refracta esa luz blanca de mañana larga y disponible. La polea del ascensor traquetea descolgándose y rebobinando en su función de devolver a los vecinos al cauce. El bullicio de la calle transpira vitalidad y optimismo, rostro lavado y fresco. Las cafeterías resoplan, la varilla del hervidor silba como un flautista, los platos, las cucharas y los sobres de azúcar dispuestos sobre la barra son un ejército de escudo, maza y morral, imposible llorar allí, hundirse, preferir astillas en las uñas cuando todo funciona de un modo tan admirable...  Es así que surge Marco, un individuo, víctima y verdugo, una circunstancia, un daño colateral. Marco es una línea argumental viva. Despierta en el lector sentimientos encontrados, nos compadecemos de él porque no puede ver o no estaba preparado para ver (¿por qué no?) que las cosas se podían hacer de otra manera, incluso cuando nos vienen mal dadas y el mundo a nuestro alrededor se desmorona, sin saber cómo ha ocurrido. Pero una línea argumental es Marco.  El eje de Democracia es Marco, a su alrededor el mundo convulsiona. El autor parece perplejo por cómo se van colocando sus palabras en el blanco hambriento del cuerpo de texto. Cabalga la alegoría -Maziacs, videojuego del Spectrum 48k, un héroe dibujado como la víctima del ahorcado, una espada, un monstruo Maziacs y un tesoro- y surfea la ola perfecta del estilo directo - Marco es el héroe, Julia es la espada, el tesoro son las letras consecutivas pagadas cada mes, Maziacs es el joven director general-. Un Marco vencido antes de la guerra pinta con el color de la utopía y los versos de Baudelaire las paredes de la ciudad. Pablo Gutiérrez sigue pasando las diapositivas, ahora Julia, ya mujer antes de ser niña, un esto no lo quiero para mí de la infancia, un no era esto para lo que nos fuimos a vivir juntos después. Mientras tanto nos enteramos por primera vez de los orígenes de George Soros ¿quién es Soros? En esta magnífica novela es un multimillonario con una forma particular de entender la filantropía y una caricatura del Soros de las páginas de economía de los periódicos, un Confucio para el nuevo siglo, el hierofante que acudió al Congreso de los Estados Unidos para explicar qué había salido mal, para dar una misa por una historia que no puede acabar bien.

Con una voz personalísima Pablo Gutiérrez aprieta el clic de su máquina fotográfica y se ocupa del factor humano del desastre. Pasa de puntillas por el 15M dejando entrever lo que tampoco supimos entender de aquel momento que fue realmente extraordinario. Marco se venga del mundo en su campaña inconsciente, lo adoramos ahora. Inspira a los radicales, a los yonquis de la guerra urbana, se siente acogido por sus nuevos amigos antisistema, la venganza puede no acabar bien, nos compadecemos. Cita Pablo Gutiérrez a Schopenhauer: El estado no es más que el bozal que tiene por objeto volver inofensivo a ese animal carnicero, el hombre, y hacer que tenga el aspecto de hervíboro. Democracia es el título de toda una serie de trágicos retratos. Suspiramos y contraemos el gesto con el pasar de las páginas, si hay esperanza en ellas o no lo dejamos a la reflexión final del lector.

Democracia es literatura urgente para viandantes, un poema de un par de cientos de páginas, un "Guernica" inteligible difícil de digerir por la verdad que nunca quisimos y querremos ver, pero un regalo literario es leer Democracia, y Pablo Gutiérrez es su autor. Leer a Pablo Gutiérrez es asistir a un acto de valentía y a un banquete para quienes gustan de lecturas sustanciosas. La sociedad no se admite y no se conoce a través de las imágenes aceleradas de los telediarios. Para el material sensible y el conocimiento y en definitiva, para una sociedad capacitada para enfrentar los tiempos que corren, es necesaria una literatura más allá del producto, no hay otro camino, la cultura como la herramienta indispensable. Una gota de esperanza: desde que Pablo Gutiérrez escribe el mundo es un lugar mejor, que no nos quepa la menor duda. 

Reseña realizada por Eduardo Flores de La victoria de la carne

No hay comentarios:

Publicar un comentario