martes, 30 de junio de 2015

Borja Papa

Título: Borja Papa
Autor: Joan Francesc Mira
Editorial: 3 i 4
Páginas: 452
Idioma original: Valenciano (también existe edición en castellano)

Sinopsis

Se trata de una novela a modo diario sobre el Papa Alejandro VI (1431 - 1503), más conocido como el Papa Borgia. En la que tenemos sucesos históricos y de época bien contrastados, para ser narrados en primera persona desde la imaginada visión con la que el escritor nos cuenta los hechos: Desde su infancia en la ciudad de Xàtiva a su periplo italiano en Roma y otras ciudades del Renacimiento.

Opinión

Desde que conocí brevemente las peripecias de esta familia, por una abyecta película para televisión que nos colaron en cine (Los Borgia de Antonio Hernández. 2006) y mi contacto con la cultura italiana por medio de libros, estancias y amistades. Me propuse aprender más sobre esta familia de paisanos, quizá los valencianos (y españoles) más universales que existen, teniendo en mi biblioteca varios libros de ensayos y divulgación. 

Pero en este caso, lo que tenemos entre manos es una novela sobre la familia, y debo decir que es una en las que a diferencia de otras que beben del romanticismo francés y las leyendas negras italianas trata con el máximo rigor, en la medida que le es posible los hechos que acontecieron en la vida de Roderic de Borja.

Vemos su infancia en Xàtiva, hasta que es requerido por su tío el Papa Calixto III, su juventud en la curia romana, sus tribulaciones en el "juego de tronos" a lo largo de la novela (y que en contra de la leyenda negra morbosa fomentada en origen por los italianos renacentistas y potenciada por los románticos franceses) tenemos a un hombre que antes de Papa, fue doctorado en Derecho civil y canónico, fue treinta y cinco años cardenal y jefe de la Cancillería Apostólica el cual siempre supo desenvolverse en los asuntos vaticanos e italianos acompañando a varios Papas, como Inocencio VIII o Pío II. En el que comprobó que las alianzas de los italianos son más incomprensibles y cambiantes que los caprichos de un niño, no había pacto que durase entre las familias o entre los estados, el que te quiera destruir hoy, si le conviene, será mañana tu amigo más útil. Básicamente, después de tantos años de mirar y aprender, se hizo más “italiano” que todos ellos.


Ya, como anexo final, dentro del mundo audiovisual existe una serie digna de mención, (aún con ciertas licencias e incorrecciones notables) se trata de Borgia Faith & Fear, que consta de tres temporadas y 35 episodios, las dos primeras se encuentran editadas en España.


Reseña realizada por Jorge Tejedor

viernes, 26 de junio de 2015

Lejos del mundanal ruido

Título: Lejos del mundanal ruido
Autor: Thomas Hardy
Editorial: Alba Editorial
Páginas: 579

Sinopsis


La independiente, bella y testaruda Bathsheba Everdene sabe lo difícil que es para una mujer definir sus sentimientos en un lenguaje creado principalmente por el hombre para expresar los suyos. De carácter fuerte e independiente esta joven, propietaria de la mayor granja de su localidad, está en situación de elegir entre los tres pretendientes que la rondan, Gabriel Oak, un ganadero dedicado a la cría de ovejas; Frank Troy, un apuesto y temerario sargento; y William Boldwood, un maduro y próspero soltero. 

Opinión

Lejos del mundanal ruido es otro ejemplo de literatura victoriana, al igual que The woman in white que reseñé hace poco. Fue publicada por primera vez en 1876 y fye el primer gran éxito literario de Thomas Hardy. Mentiría si no dijera que ha sido su reciente adaptación cinematográfica la que me ha impulsado a leerla, pues no me gusta ver la película sin haber leído previamente el libro, así como mi objetivo de leer más en inglés. El resultado ha sido algo decepcionante.

Cuando vi el tráiler por primera vez de la película me dio la sensación de que promocionaban la novela de Hardy como una historia de amor pero ¿Es justo catalogarla así? Bueno, amor hay, de eso no hay dudas, pero yo no la definiría como una novela de amor pues no es este el tema central. A mí parecer la novela se centra en las vicisitudes de una muchacha, Bathseba, que desea buscar su lugar en un mundo de hombres. Se nos presenta como una especie de heroína victoriana pero ¿realmente lo es? En algunos momentos sí, por ejemplo cuando busca expresar sus sentimientos a la "manera masculina" o cuando decide ponerse al frente de la granja que ha heredado de su tío; en otros, sin embargo, el autor parece castigarla por dejarse llevar por las pasiones típicas de su sexo, especialmente cuando se enamora del sargento Troy. He de admitir que en esos momentos Bathseba me ha resultado del todo insoportable. Pese ello, Bathseba se aleja del prototipo femenino de la novela victoriana, no obstante, a medida que se va desarrollando la historia, esta va perdiendo todas aquellas características que le hacían especial al principio de la novela, en especial su independentismo y su ambición (lo que podía considerarse el toque feminista de Hardy). Hacia el final, Bathseba no es más que la sombra de lo que fue, lo que para mi punto de vista acaba por estropear toda la novela. 

Decía antes que Lejos del mundanal ruido no me ha parecido una historia de amor, aunque había amor. Bathseba, como muchacha de gran belleza que es, con una personalidad desbordante y una carácter independiente, atrae el interés de los hombres que la rodean. En especial se ve metida en una encrucijada, pues se ve sometida a la presión de tres candidatos. Entre ellos Gabriel Oak, a mí parecer la gran víctima de toda la historia, el protagonista ensombrecido, el amante paciente. Hardy ha hecho de Gabriel un personaje entrañable, al que se le coge cariño desde el principio, pero que no le da el lugar que le corresponde en la historia. Por otro lado está Boldwood, un personaje cansino de principio a fin, el amante obsesionado. Y, por último, el Sargento Troy, el antagonista quizás de la historia, un personaje que por lo cautivador que es sabemos que no trae nada nuevo. Bathseba, por un motivo u otro, se ve desbordada por estas tres atenciones, decantándose, al final, por la peor opción. Sin embargo, la novela carece de pasión. De hecho, me llega a sorprender la manera en la que la protagonista se enamora del Sargento Troy, basándose más en un capricho temporal que un verdadero sentimiento. De igual manera, tampoco llego a entender del todo qué siente por Gabriel, con el que parece que tiene un tira y afloja todo el tiempo. 

La historia, por tanto, no me ha terminado de fascinar. Tampoco ha ayudado el hecho de que lo haya leído en inglés. Puedo decir sin exagerar que, de todos los libros que he leído en lengua inglesa, este ha sido el más complicado. En parte se debe a la prosa de Hardy, que abusa de escenarios innecesarios (diálogos a los que no les he encontrado el sentido o la función en la historia), excesivas descripciones de escenarios y un vocabulario bastante rebuscado. Admito que no he llegado a entender un 50% de lo que he leído, por lo que tendré que darle una nueva oportunidad en español aprovechando que Alba Editorial ha sacado una nueva edición (Es la información que pongo en la parte superior). 

En definitiva, Lejos del mundanal ruido gustará a todo lector que le apasione la literatura victoriana, pero decepcionará a aquellos que anden buscando una buena historia de amor.

Adaptación

Como he dicho anteriormente, Lejos del mundanal ruido cuenta con una reciente adaptación cinematográfica protagonizada por Carey Mulligan, Matthias Schoenaerts, Michael Sheen, Tom Sturridge en los papeles principales. El tráiler pinta bastante bien, pero habrá que ver hasta que punto es fiel a la historia, porque por lo que veo en el tráiler hay bastantes cambios. Hay otra adaptación del año 1998, divida en dos partes. 

domingo, 21 de junio de 2015

The woman in white

Título: The woman in white
Autor: Wilkie Collins
Editorial: Oxford University Press
Páginas: 624

Sinopsis


El joven profesor de dibujo Walter Hartright viaja a Cumberland para dar clases a dos jóvenes y ricas herederas, las hermanas Laura y Marian Fairlie. Laura se enamora de él pero los agradables días en Limmeridge House acaban con la llegada del prometido de Laura, Sir Percival Glyde. Este alberga la intención de arrebatarle toda su herencia y cuenta con la ayuda del siniestro conde Fosco para llevar a cabo sus planes. Solo se interpone en su camino una misteriosa dama vestida de blanco que, al parecer, ha escapado de un sanatorio mental... En La mujer de blanco, el lector se ve arrastrado por un suspense continuo gracias a la destreza narrativa de Wilkie Collins y a los portentosos retratos de sus personajes. A través de una trama prodigiosa que se desarrolla paulatinamente mediante los relatos de sus principales testigos, los oscuros secretos se irán desvelando.

Opinión 

The woman in white de Wilkie Collins es una novela que podríamos incluir en la categoría de "clásico victoriano", por cuanto profundiza en la psicología de unos personajes marcados por la costumbre de un periodo y por presentarnos de manera clara la escena social de la Inglaterra victoriana. Cuando esta novela apareció por primera vez, en 1860, tuvo un magnífico éxito. En ella se mezclan varios géneros, como el romántico, el drama, el policíaco, etc. Hoy podríamos considerarla un thriller de manual que pecaría, bajo mi punto de vista, de ser demasiado lento dado a su sobrecargada narrativa, llena de descripciones que interesan poco o nada al lector pero que, por otro lado, caracteriza a la literatura victoriana. Pese a ello, Collins supo crear un halo de misterio que envuelve al lector de principio a fin.

El aspecto más interesante de esta novela, al menos para mí, es la manera en la que Collins narra los acontecimientos que van sucediendo en ella. Esto hace que me pregunte si no deberíamos considerarla como una novela "coral", pues todos sus personajes -incluso los más secundarios- tienen su momento de protagonismo. Y esto se debe precisamente al hecho de que la historia está construida a partir de los testimonios proporcionados por los mismos, con lo cual no hay un único narrador sino muchos; aunque el gran "artífice", el personaje que los une todos ellos es el profesor de dibujo: Mr. Hartright. Así, por tanto, la historia se nos presenta como un suceso ocurrido en un pasado relativamente reciente, como un caso criminal cuyos testigos cuentan lo que han visto y oído. Esto da cierta lentitud a la historia, pero permite, a su vez, conocer la psicología de todos los personajes, en especial de aquellos que están más involucrados en el caso como el mismo Hartight, Marian Halcombe o Count Fosco. Ante esta forma de narrar no puedo más que alabar la magnífica labor de Collins, que supo construir toda una historia de misterio que una técnica narrativa ciertamente complicada (y me atrevería a decir, innovadora) y con un magnifico resultado, pues no hay nada ella que deje sin resolver, todo está increíblemente bien hilado, con un final cerrado y a la altura de la historia. 

No obstante, debo hacer mención del que es, a mí parecer, el punto más débil de la historia. Como he dicho anteriormente, toda ella está magníficamente bien hilada. Collins resuelve el misterio en torno a la mujer de blanco, desvela el secreto de de Sir Percival y resuelve el caso de la conspiración llevado a cabo en contra de Laura Fairlie. Y de todos lo giros que encontramos en la novela, el que me parece más forzado es el de la relación de Fosco con Pesca. Entiendo que el autor debía buscar un modo para concluir la historia de Fosco y hacerle caer, pero creo que está sacado un poquito de la manga, como si el autor hubiera improvisado esa parte de la historia, si bien Pesca es uno de los personajes que salen al principio. No sé si esa era precisamente la intención del autor, pero a mí me ha resultado un poco cogido con pinzas.

En definitiva, no puedo más que incidir en que la novela es un magnífico ejemplo de la literatura inglesa victoriana, que se disfruta de principio a fin. No puedo más que recomendarla, en especial a aquellos lectores a quienes les gusta una buena novela de misterio. Yo, como habéis podido comprobar, la he leído en inglés y puedo decir que no resulta excesivamente complicado si se tiene una buena base y si se ha leído en inglés en más de una ocasión. En cualquier caso, al ser un clásico no es difícil encontrar un ejemplar en español. No puedo terminar sin hacer referencia a la primera línea de la novela, porque es uno de esos principios que quedan marcados en la memoria (Como lo es también el principio de Orgullo y prejuicio): This is the story of what a Woman's patience can endure, and of what a Man's resolution can achieve. 


Adaptaciones

The woman in white ha sido adaptada a la gran y pequeña pantalla en varias ocasiones. La última fue en 1997 y fue emitida por la BBC. Está protagonizada por Andrew Lincoln (Conocido por su papel en The Walking Dead) como Hartright, Tara Fitzgerald como Miss Halcombe y Justine Waddell como Laura. Podéis encontrarla completa en Youtube, el problema es que está en inglés sin subtitular. 

lunes, 8 de junio de 2015

Pride and prejudice cómic-book

Título: Pride and prejudice
Autores: Nancy Butler, Hugo Petrus (Adaptación de la novela de Jane Austen)
Editorial: Marvel Comics
Páginas: 120

Sinopsis

Adaptación a formato cómic de la novela Orgullo y prejuicio de la autora inglesa Jane Austen. La historia de las cinco hijas de la señora Bennett, que no tiene otro objetivo en su vida que conseguir una buena boda para todas ellas. Dos ricos jóvenes, el señor Bingley y el señor Darcy, aparecen en su punto de mira e inmediatamente se ven señalados como posibles presas . De hecho, la relación entre la hija mayor, Jane, y el señor Bingley parece muy prometedora… pero, por influencia del arrogante señor Darcy, se frustran todas las esperanzas. La intervención de Elizabeth, la hija segunda, perspicaz, consciente de su valor, y algo rebelde, determinará el rumbo de la novela. En ella el opresivo ambiente de la familia, la presión del matrimonio, la diferencia de clases, el fantasma de la pobreza y la delicada sensibilidad de una heroína decidida, pero no libre de errores de juicio y dudas de comportamiento, se conjugan para crear una obra maestra leída a lo largo de más de dos siglos.

Opinión

Los que me conocen un poco saben que soy una gran admiradora de las novelas de Jane Austen, basta con que comprobéis algunas de las reseñas que he hecho en este blog, no solo sobre las novelas sino también sobre biografías y demás. Orgullo y prejuicio supone para mí una lectura obligatoria anual, aunque no sé si la calificaría de "obligatoria" porque leer a Austen es siempre un placer. Por ello, cuando hace años vi que habían hecho una adaptación de la misma a formato cómic me dije a mí misma que tenía que comprarla y ver cuál era el resultado, y aunque he tenido el cómic en mi posesión desde hace bastante tiempo por un motivo u otro no lo he leído hasta ahora, lo que en realidad ha sido para mejor ya que mi nivel de inglés es mejor ahora que cuando lo compré.

Lo primero que debo decir respecto a este cómic es que a medida que iba leyendo me he dado cuenta que no soy una lectora habitual del género. Durante todo el tiempo me he esforzado por disfrutar lo máximo posible y absorber cada detalle del mismo, tanto texto como imágenes, pero al final he terminado con la sensación de que no lo he hecho lo suficiente. Como siempre digo, cada género requiere un tipo de lectura diferente. En este caso la falta de práctica ha sido fundamental para considerar que la lectura del cómic es muy, muy ligerita, sobre todo para una persona que está más que acostumbrada a leer las novelas. Y yo creo que eso se debe a que el cómic no tiene el mismo ritmo de la novela, sobre todo en la parte en la que Darcy se declara por primera vez. Aquellos que hayan leído la novela estarán de acuerdo conmigo de que se trata de un diálogo con un ritmo vertiginoso, aquí lo cierto es que ese ritmo se pierde.

No obstante, es de justicia reconocer que la adaptación realizada por Nancy Butler es excelente. Uno de los grandes aciertos es que ha respetado el lenguaje de Austen, es decir, el lenguaje victoriano, porque bajo mi punto de vista es la esencia de la novela. Como dice en la introducción, You don't update a classic, you give it free rein. No obstante, me ha dado la sensación de que Butler se ha apoyado en cierta manera en las adaptaciones cinematográficas, sobre todo la del año 2005, ya que las escenas parecen copiadas de la película e incluso ha suprimido a los mismos personajes (una de las hermanas del señor Bingley). En cualquier caso no es un error, cuando se realiza una adaptación siempre se suprime las partes más prescindibles y en este caso se ha hecho así. Por contra, debo decir que no me han gustado especialmente los dibujos, especialmente los de la figura femenina. Pero bueno, esto es más bien gusto personal que otra cosa.

En definitiva, Pride and prejudice comic-book me ha parecido ciertamente una idea original de dar a conocer la novela de Austen a un público que puede sentirse, quizás, intimidado de leer la novela o bien a un público que prefiere este tipo de género. Y yo todo intento de dar a conocer a Austen lo apruebo sin duda alguna. Sin embargo, para aquellos lectores que ya estén acostumbrados a leer las novelas de Austen, esta adaptación se queda en una mera anécdota, es una lectura ligerita que no llega a satisfacer del todo. 

jueves, 4 de junio de 2015

La ofensa

Título: La ofensa
Autor: Ricardo Menéndez Salmón
Editorial: Seix Barral
Páginas: 144

Sinopsis

Si el cuerpo es la frontera entre nosotros y el mundo, ¿cómo puede el cuerpo defendernos del horror? ¿Cuánto dolor puede soportar un hombre? ¿Puede el amor salvar a quien carece de esperanza? Éstas son algunas de las cuestiones implícitas en La ofensa, la historia de Kurt Crüwell, un joven sastre alemán a quien el estallido de la Segunda Guerra Mundial empujará a vivir una experiencia tan radical como insólita. Metáfora de un siglo trágico, la existencia de Kurt se transformará en un vertiginoso viaje a las raíces del Mal, identificado en esta intensa novela con la cosmovisión del nazismo, pero también en un conmovedor ejemplo de la capacidad del amor para expiar el dolor del mundo y en una originalísima reflexión a propósito de la grandeza y miseria del cuerpo humano.

Opinión

La pregunta está en el aire. Antes de empezar.

Seguimos los pasos del joven sastre Kurt Crüwell por las calles de ese incomprendido periodo final de entreguerras en el que Hitler y su Blitzkrieg ya son del todo inevitables. Sí, lo seguimos, al muchacho, en esta primera parte de La Ofensa -La bestia rubia-, feliz, podríamos decir, difícil es saberlo, ignorante, más bien; en cualquier caso acepta su vida; al margen de la marea de destrucción y muerte por llegar. Pero los seguimos al joven alemán Kurt cuando visita a la muchacha Rachel Pinkus: Una vez compartido el pastel de frambuesa, y tras comunicar con cierta torpeza el objeto de su visita, Kurt abrazó a Rachel durante sesenta largos, sudorosos y conmovedores minutos en los que ambos conjugaron los dos verbos más antiguos que hombres y mujeres frecuentan en la intimidad: amar y temer (ya podemos sentir la forma de manejar la intensidad de la prosa de Menéndez Salmón). Y lo seguimos a cierta distancia, no crean, he aquí al hombre, parece querer decirnos el narrador; pronto podréis olvidar lo que fue, es algo que de momento hace bien en callar.

Sí, la pregunta aún sigue en el aire. Ya sabemos que Kurt irá a la guerra, se le llama a filas, a unirse a esa fuerza incontenible como metáfora de un sentimiento, como instrumento (¿de quién o qué cosa?), de la maquinaria bélica alemana, ahora nada que ver con aquella bestezuela humillada en la Gran Guerra. Se despide de Rachel y el asunto nos los deja bien claro ese narrador hábilmente instrumentalizado por el asturiano Ricardo Menéndez Salmón: Porque a Rachel Pinkus, el monstruo verraco de la Historia estaba a punto de devorarla. Era judía.  

Es así que llegamos a casa, el hogar que más pronto que tarde ha de abandonar. Es parte de la previa. Aún estamos familiarizándonos con la presencia del joven Kurt, del que ya sabemos que su futuro tiene que ver más con el horror que con tocar el órgano en la iglesia de San Nicolás. Una vez allí, serán las palabras de su padre los únicos lazos posibles para la supervivencia de algo más que el trozo de carne que habita, el joven Kurt; palabras que en el antes de un antes y un después le revelarán al hombre que su padre es. Tal vez para nada, porque la bestia rubia se acerca como se acerca la guerra, y no sabemos qué es. La pregunta en el aire tiene que ver con ese título, con esa ofensa, que desconocemos a quien va dirigida (¿quién es el ofendido?) y de parte de qué ofensor, tal vez la misma cosa ofensor y ofendido. La última palabra del cuarto capítulo: miedo. La puesta en escena ha terminado.

Cuando el joven Kurt viaja en tren hacia su destino lo hace acompañado de todos los Kurt de la Alemania de Hitler, jóvenes inocentes (¿inocentes?), hijos del espacio y el tiempo, de las circunstancias, las peores posibles, podemos creer. 

Pero tiene suerte el joven Kurt porque no pasa por la guerra asesinando con licencia ni mascando la tierra levantada al caer de morteros y obuses. Nuestro amigo se desliza cruzando las fronteras manejando un sidecar: ese cometido, sobre el papel, tan prosaico... con ese lirismo que poseen las cosas pequeñas... propició que los días de Kurt se fueran dotando no sólo de sentido... sino de ese fenómeno puramente humano que es la dignidad. Sin embargo, a su lado en el sidecar viaja la bestia rubia: Hauptsturmfüirer Löwitsch.

Una vez en París la narración nos aleja del escenario que puede llegar a ser una gran ciudad tomada por el peor enemigo que dieron los tiempos. Para ello leemos de puntillas la carta deshumanizada hacia el padre en la que se escriben nombres como Montmartre, Cezzane, Erik Satie, Picasso. El arte como una clave compartida entre protagonista y autor. Y sí, el narrador con ellos, se evade y nos aleja de los pelotones de fusileros, la artillería y el tableteo de los impactos de bala. Al fin y al cabo, para el sastre metido a soldado, la guerra no deja de ser una aventura.

Pero no es una aventura la guerra. ¿Es la guerra una ofensa? ¿Podemos sentirlo así? ¿Lo vemos ahí, en cada relato, con su ignorancia disfrazada de épica, como parecía decirnos Celine en Viaje al centro de la noche? Si no es una aventura la guerra y es una ofensa, bien pudo Kurt empezar a aprenderlo al contemplar frente a un calvario de piedra esos cuerpos, sus compañeros de uniforme habían sido colgados de sendas sogas boca abajo, al contemplar el acto de crueldad que la misma guerra genera entre hombres que son lo mismo y que en algunos casos agrupamos en el término humanidad. Algo ya había empezado a cambiar en el interior del sastre metido a soldado. Kurt jamás había visto a Löwitsch fuera de sí.

No, el horror no había hecho más que comenzar. Como si de pronto Kurt descubriese el mal en todo aquello. Ya no era un asunto en el que se disparaba y se mataba a distancia y él, un muchacho que había amado y que era alemán e hijo y hermano, que sabía que en la guerra se mataba o se moría, fue a descubrir que en todo aquello habitaba algo mucho peor que las armas y que los hombres que las empuñaban, algo que los impulsaba a mezclarse contra otros hombres y otras armas. La guerra se le reveló a Kurt en toda su crudeza. Aquí el narrador se detiene. La potente imaginería de Ricardo Menéndez Salmón trabaja cada palabra, el lector reduce la velocidad de lectura. Represalia. Un pueblo. Hombres mujeres niños. Poco a poco -no lo sabemos- vamos viendo a través de los ojos de Kurt. Ultimátum. Una iglesia. Fuego. 

Y el cuerpo de Kurt se rompe, su físico, su organismo se resquebraja en síndrome sin igual... el hombre conoce el mundo, fundamentalmente, a través de su cuerpo. Pero ¿puede un cuerpo decir: Basta, no quiero ir más allá, esto es demasiado para mí? ¿Puede un cuerpo olvidarse de sí mismo? Cuando Kurt Crüwell contempló el horror y éste, le desbordó después de haberlo devorado, su carne, su cuerpo, se transformó en tierra de nadie, se hizo el abismo, entre Kurt y el mundo.

La metáfora, así lo llama el doctor Lasalle en el sanatorio bretón de Notre Dame de Rocamadour, al hombre cuyo cuerpo había olvidado viejos sentimientos y sensaciones. Kurt recibe carta de su padre y en ella sabe del traslado de su amor Rachel a un gueto de Checoslovaquia. Pero nada. La frontera se lo impide. No puede sentir. Se vale de las palabras para decirse sentimientos. Más allá de eso, nada. La metáfora no es sólo la forma de entender a un paciente por parte de un médico. Se puede apreciar la flecha o el dedo índice de quien cuenta una historia: ver aquí. Pero es difícil, no crean, digerir inmediatamente la lectura de La ofensa. El joven Kurt convertido en metáfora ha de sobrevivir a la nueva naturaleza que le gobierna. Se vale de las palabras para decirse sentimientos. Kurt reconoció no sentir un rencor especial hacia Löwitsch por su crueldad ni hacia sus compañeros por gregarismo. Tampoco hacia los franceses que habían atacado con tanta saña al retén de vigilancia. Sencillamente, su cuerpo había claudicado. 

Las historias de Ricardo Menéndez Salmón son como laboratorios filosóficos. Nos ha colocado en un terreno complicado. Hasta el momento el argumento ha sido jalonado por apuntes históricos por aquí, personajes de paso por allá y un protagonista bien definido, en último momento, enfermo y lejano. Existe intención. Bravo. Preguntas y más preguntas. El título es una pregunta e incluso algunos personajes son también títeres interrogantes. La segunda parte de La ofensa se titula Una educación sentimental. Así es que surge Ermelinde, antítesis de Kurt. Él enfermo de guerra y ella enfermera sufriente. Hablan idiomas tan distintos que en ninguno de los mundos imaginables podrían ser enemigos. Por el contrario, Era hermoso aunque al tiempo cruel pensar que mientras Europa se desmoronaba, ellos dos nacían al amor como flores en una ciénaga. Y qué potente la imagen, una vez más, en la historia del asturiano Menéndez Salmón. Con el tiempo entenderemos que la imagen en la obra de este novelista está siempre mucho más allá del recurso -en una novelística tan inmensamente rica en recursos-, imagen y palabra son la misma cosa, pasaremos sobre la metáfora como patinando sobre hielo: Era hermoso aunque al tiempo cruel pensar que, mientras los pulcros ideólogos de Hitler decidían hacer jabón o pantallas para lámparas con la piel de Rachel Pinkus, ellos dos se entregaban a aquella ceguera deslumbrante en la que incluso la enfermedad de Kurt parecía un mal sueño del que pronto despertarían. No olviden que seguimos en guerra, retoma la palabra el narrador.

La guerra vuelve a jugar sus cartas, como si de un divertimento de los dioses se tratase, como si de un ensayo novelístico para un filósofo. Aparece la guerra en forma de rebeldes franceses tomando el sanatorio del doctor Lasalle con claras intenciones de pasar bajo el fuego de las armas a todo herido alemán. Pero hasta en los juegos infantiles más crueles hay a quien se le hace creer que su voluntad -y no el azar- puede cambiar el curso de los acontecimientos. Su elección nos confunde, su reacción, la decisión de quien anda como en la guerra, siempre confundido. Todos por uno, aunque ello signifique firmar su propia sentencia de muerte. Y son tantas las preguntas, tantas sus posibles respuestas. El narrador también juega y se marcha por los meandros de la duda mientras el argumento se suspende y nosotros, el lector, nos sentimos también en guerra y también en el juego. Pero argumento suspendido no significa historia muerta. Los personajes pueden estar por ahí, por los recovecos de nuestra imaginación, de hecho, dos de ellos ya huyen contra todo pronóstico, de la guerra, acaso del horror, a la sanación tal vez, hacia el olvido, lejos del mal, como si eso fuera posible, el mal que llevó a la ofensa, ellos, casi nada, comparados con el todo: Tampoco dos cuerpos a bordo de una barca parecen un gran capital... aun contando con la terrible diferencia de magnitudes que deben enfrentar al compararse con el mar, con el cielo y con la siempre remota línea del horizonte, dos corazones que se obstinan en seguir latiendo significan mucho sobre el tablero de la vida.

Esta lágrima contiene un mundo, tercera y última parte de La ofensa, nos muestra a un Kurt que sigue enfermo. Ni siquiera es Kurt, sino Jean-Jacques Lasalle. Ni siquiera el nombre le restó de la guerra. De sastre metido a soldado ahora es sepulturero. Ermelinde sigue incapaz de separarse del dolor, una gota de esperanza se remueve en su vientre. Sólo al final entenderemos que cada pieza encaja, que la intención sigue siendo tan clara como cuando la historia empezó. Tanto es así que el sepulturero Kurt-Lasalle lee las Memorias de ultratumba de Chateaubriand cuando una palabra se descuelga por la ventana y llena sus oídos de intelectual por necesidad: Schneider (sastre en alemán). Un paso hacia el fin. La esperanza latiendo sumergida en el vientre, ay, ¿queda aún posibilidad para el final dickensiano? Desde luego, es posible. Y una palabra, como un sentimiento, es viajar hacia el pasado. Y será la palabra Schneider la que nos conduzca, poco a poco, batiéndonos con el oleaje de toda la historia vivida-leída, hacia un final de apoteosis, un final de brillante resolución, intenso plano secuencia en el que todo cuanto leímos hasta el momento encaja en una imagen de conjunto, no una respuesta, una reformulación única, el mundo quizá, contenido en una lágrima.

La ofensa es la primera novela de la que se ha dado en llamar por la crítica, con no pocas intenciones comerciales, trilogía del mal. A La ofensa siguen Derrumbe y El corrector. Y sí, tienen estas tres obritas -por la extensión- en común el tratamiento del mal, cada una de ellas desde ángulos bien diferentes. Cuesta creer sin embargo que nos encontremos ante un grupo tan reducido para movernos alrededor de asunto tan complejo. A Ricardo Menéndez Salmón se le entiende como un autor de obra. Por lo tanto cada novela viene a ampliar la anterior, una única novela que ensancha, novelas todas ellas partes de un único ensayo, todas ellas hijas del mismo laboratorio. Lo que no quiere viene en demérito de ninguna de sus partes. 

En La ofensa asistimos al mayor agravio que puede sufrir la humanidad de manos de la propia humanidad, ofensa con mayúsculas. ¿Cómo no ver el mal en estado tan puro como en la guerra? Por momentos uno cree ver un hombre solo frente al mundo. Su reacción es brutal, una alegoría de lo que no ocurre y cuya inexistencia es en sí inexplicable: la enfermedad ante el horror, una enfermedad que ataca al organismo por medio de la moral. No se cansa Menéndez Salmón de decirnos que su protagonista es tan común e insignificante como cualquiera, para ello recurre a la exactitud en la descripción de contexto histórico, en el que somos como hormigas al fin y al cabo, primeras páginas en que vemos más que leemos la vida de uno de los muchos jóvenes alemanes lanzados a la agresión. Pero el dolor le supera, y luego desaparece como por efecto de la atropina. Tan brutal debiera ser nuestra conmoción ante la guerra. Tan brutal debe ser como para que vivamos, de algún modo, a día de hoy, tan anestesiados como el organismo de Kurt Cröwell. La carga del mensaje no es poca; la extensión del texto es breve sin embargo, lo que hace que uno lo sienta más un cuento, sencillo en estructura -inicio, nudo, desenlace-, paradójico y parabólico, que una novela tal y como hoy entendemos la novela. Los personajes no llegan a ser nuestros, algo que podría pasar por superficialidad, y que no es otra cosa que la justa y necesaria distancia que necesitamos para saborear la esencia del cuento, un cuento sin diálogos. La intensidad en la prosa de Menéndez Salmón en La ofensa nos hace viajar en una montaña rusa, nos eleva por momentos en escenas tan crueles como líricas, así como nos pasea por llanos y digresiones que invitan a la reflexión y a la duda, pasamos de cero a cien y de cien a cero continuamente según avanza la historia, marcando con rotundidad cada final de capítulo. Existe un mundo concreto y propio de las imágenes metafóricas en la obra de Ricardo Menéndez Salmón (así como se intuye un estilo en continua evolución tras la lectura de las novelas que siguen a La ofensa). Aquí el autor sí piensa en cómo va a colocar su creación en todas sus partes ante la mirada del lector. Para el asturiano la novela es un medio, el lector es su meta. De existir una misión en su literatura, que no nos quepa la menor duda, se puede considerar por cumplida en La ofensa, primera de las novelas en lo que se ha dado por llamar la trilogía del mal. Que ustedes la disfruten.

Reseña realizada por Eduardo Flores (@EadWardBloom) de La victoria de la carne.

martes, 2 de junio de 2015

Todo queda en casa

Título: Todo queda en casa
Autora: Alice Munro
Editorial: Lumen
Páginas: 1070

Sinopsis

Todo queda en casa es una selección de los mejores cuentos de Alice Munro realizada por la misma autora como feliz despedida a la tarea de la escritura, un recorrido que abarca toda su carrera literaria. En estos veinticuatro cuentos se resume el trabajo de una vida entera dedicada a hurgar en las emociones y los sentimientos de una manera que sorprende y entusiasma porque ahí, en esos parajes tan lejanos, encontramos lo mejor y lo peor de nosotros. A modo de prólogo, esta edición incluye "Alice Munro en sus propias palabras", la entrevista que sirvió como discurso de agradecimiento a la academia sueca el día en que le fue entregado el Premio nobel. "Quiero que mis cuentos conmuevan a las personas; no me importa si son hombres, mujeres o niños...quisiera que el lector, al terminar un cuento, sintiera que es una persona distinta." 

Opinión

Antes de dar mi opinión sobre esta obra creo que es necesario puntualizar que no soy una lectora habitual de cuentos o relatos cortos. Creo que es necesario porque mi opinión puede estar muy influenciada por este hecho, ya que al no ser una lectora habitual de este género puede que no lo aprecie en su totalidad. Y no soy lectora habitual de cuentos porque ni este género ni el de relatos cortos han despertado mi interés, de hecho apenas he leído un par de relatos cortos y fue más por compromiso que por iniciativa propia. No con ello quiero decir que sea mejor o peor género, sino que simplemente no es de mi gusto. Sin embargo, he de admitir que desde que Munro ganó el premio Nobel empecé a sentir cierto interés por su obra, pese a que no conocía nada en absoluto, con lo cual había decidido leer algo de ella en cuanto tuviera la oportunidad. Esta llegó cuando las pasadas navidades me regalaron Todo queda en casa, lo que me ha permitido matar dos pájaros de un tiro: por un lado leer algo de Munro y, por otro, iniciarme en el género de los cuentos. Puedo adelantar que el resultado final ha sido algo negativo y es que, aunque en líneas generales no me ha desagradado, de hecho hay varios cuentos que me han gustado mucho, el género en sí mismo sigue sin ser de mi gusto ya que no es una lectura que me atrape y me ha costado bastante terminarlo. 

¿Cuál ha sido el problema? Creo que mi manera de leer Todo queda en casa no ha sido la adecuada. Se trata de un tocho de más de mil páginas compuesto por 24 cuentos todos diferentes. Algunos son conclusivos y otros te dejan con la miel en los labios, lo cual llega a ser bastante frustrante (al menos para mí). La razón por la que creo que no he leído de manera adecuada  esta obra es porque la he leído de un tirón, debería, sin embargo, haberla leído poco a poco y haberla combinado con otras lecturas. Pero admito que soy algo maniática y no me gusta leer dos libros al mismo tiempo. Sin embargo, no todos los géneros pueden leerse de la misma manera y está claro que una antología de cuentos debe leerse poco a poco para no saturarte y eso es precisamente lo que me ha ocurrido: me he saturado y al final ya solo quería terminar. No obstante, el haberla leído de un tirón me ha permitido conocer algunas de las características de la obra de Munro que quizás no habría percibido si la hubiera leído de manera más pausada. Me he dado cuenta, por ejemplo que a pesar de que los cuentos son todos diferentes, tienen algunos rasgos comunes. Para empezar, la mayor parte de ellos están ambientados en Canadá, lo que no debe sorprender al lector si tenemos en cuenta que Munro es canadiense. Pero sí que parece ser un rasgo distintivo de la autora quien parece limitarse a escribir sobre lo que conoce, lo que tiene más a mano y lo que más se vincula a ella. Incluso aquellos cuentos que parecen no estar vinculados a su ambiente, sí lo están. Esto nos lleva a la segunda característica, todos los cuentos desprenden un tono doméstico, todos o casi todos se desarrollan en el hogar y esto está, quizás, relacionado con el hecho de que Munro se defina a sí misma como una ama de casa que escribe. Otra característica de Munro es que parece jugar con los sentimientos humanos, le interesa experimentar con ellos en diferentes situaciones lo cual me parece muy interesante. Por último, parece haber en todos los cuentos una especial preferencia por los personajes femeninos, especialmente mujeres que son inteligentes y que parecen no encajar en el ambiente donde se han criado. 

Como he dicho al principio no todos los cuentos han sido de mi gusto, algunos incluso me han parecido ciertamente perturbadores. Por ejemplo, no me gustó nada "El amor de una mujer generosa", me pareció muy tétrico, con una historia muy fea, y en ese momento estuve a punto de cerrar el libro y no volver a cogerlo. Tampoco me gustó "Pasión", de hecho no llegué a entender qué quería decirme la autora con este cuento. O "Dimensiones" que trataba de un suceso horrible, si bien el final me pareció magnífico. No obstante, hay cuentos que me han gustado muchísimo. Entre ellos cabe destacar "El sueño de mi madre" donde la autora quiere reflexionar sobre el instinto maternal, que parece estar altamente sobrevalorado. También he disfrutado con la lectura de "La vista desde Castle Rock", un cuento histórico en el que Munro, usando su imaginación, narra el posible viaje de una familia escocesa desde su lugar de origen, el valle de Ettrick, a Nova Scotia (Canadá). Unos personajes reales a quienes la autora parece homenajear dándoles vida. Igualmente me ha parecido tierno el homenaje que hace a su padre a través del cuento "Trabajar para ganarse la vida". En él presenta a su padre como un personaje entrañable que vive únicamente para el cuidado de su familia. Por último, he de destacar otro cuento histórico, el de "Demasiada felicidad", en la que Munro vuelve a hacer uso de su imaginación para traer a la vida a la matemática rusa Sofia Kovalevskaya. 

En definitiva, Todo queda en casa es una obra difícil de reseñar al ser esta compuesta por una gran cantidad de cuentos, todos muy diferentes. Estoy segura que a los amantes del género les encantará, sobre todo si la leen de manera adecuada. Los que no, se quedarán con algunos cuentos y olvidarán el resto. Aún así me ha parecido una manera interesante de conocer un género nuevo, que al final ha terminado no ser ser de mi gusto, pero que igualmente ha sido productivo conocerlo. Pese a ello no descarto leer alguna cosa más de Munro, pero esta vez de manera diferente, disfrutando algo más de la lectura y sin saturarme. Pues pese a que no todo me ha gustado, creo que su manera de experimentar con los sentimientos es muy interesante. De la misma manera que me han gustado sus "recreaciones históricas".