martes, 21 de julio de 2015

La noche feroz

Título: La noche feroz
Autor: Ricardo Menéndez Salmón
Editorial: Seix Barral
Páginas: 112

Sinopsis

1936. Sobre el telón de fondo de una guerra fraticida, en un pueblecito rodeado de montañas, el terrible asesinato de una niña desata la brutalidad que subyace en esta remota aldea. Un maestro rural atormentado por el pasado, un cura cruel y un pueblo entumecido por el miedo protagonizan La noche feroz, un thriller metafísico. Un mal profundo, arraigado en el pasado, rige el tiempo y el espacio en una novela con resonancias de la tragedia griega y de Dostoievski.

Opinión

Para Menéndez Salmón La noche feroz es su novela más redonda. Unas ciento siete páginas -si incluimos el índice- le han bastado para lograr tal proeza. El autor de esta modesta reseña no puede estar más de acuerdo.

Porque La noche feroz es obra grande pese a su brevedad. Los elementos que la componen se mantienen en los límites justos del equilibrio, eso que se conoce como rozar la perfección. 

Es la noche rural en algún sitio al norte de un país en plena guerra fratricida. Conocemos a Labeche. Para él el ambiente tiene cierto olor a fuego. Le gusta el fuego, sueña con él. El lector se estremece con sus movimientos, que nos son sutilmente violentos, como es a veces el movimiento de algunos fenómenos naturales: Labeche se frota el pecho y las piernas con un puñado de hierba seca, orina entre las ubres de una vaca y se viste despacio... Más allá Labeche casi puede sentirlo, es un lugar cuyo nombre se hace extraño al oído: Promenadia.

Para aquellos que se acerquen a los libros de Menéndez Salmón Promenadia es o debe ser importante, así como para los lectores de Faulkner el condado de Yoknapatawpha, o Macondo para los de Gabriel García Márquez. Es en Promenadia donde se produce la acción, donde el autor decide colocar a sus personajes.

No sabemos todavía que una niña ha sido brutalmente asesinada cuando vemos al maestro escuela Homero comiendo en la casa del amo. El amo es un hombre de su tiempo y su lugar, poco más que un salvaje, es la cobardía y la peor de las violencias domésticas. Vive con su mujer, una hija embarazada, el hijo mediano y un hijo "el imbécil" que nos recuerda a "la niña" de Los santos inocentes. Es ese el ambiente en el que pretende introducirnos el narrador, la España profunda y sombría y rural. Pero ha de hacerlo rápido, las páginas pasan. 

Cada escena en un ejercicio de contención magníficamente elaborado. Las acciones y las palabras de los personajes nos caen como con un cuentagotas, la información sin embargo es continua, el narrador nos da lo justamente necesario, y nada más. Sabemos de la guerra, poco realmente, lo suficiente para comprender que el mal existe habitando a distintos niveles, aparecen otros nombres como el del cacique del pueblo, el indiano Irizábal, y "el imbécil" aúlla, un sonido atropellado, lleno de grietas,... En cualquier caso algo confusamente humano, que produce menos piedad que asco. Para el autor el aullido es mucho más, un punto y aparte en el que apenas tiene tiempo de preguntarse acerca de lo leído. Queremos más. 

Cuando sabemos que se ha producido un crimen también sabemos que hay una investigación en curso. Investigación, esto es, el padre Aguirre, más demonio que sacerdote (Es él, que no nos quepa la menor duda, ese eterno hierofante que salta de un texto a otro, de Conrad a McCarthy, y ahora en La noche feroz de Menéndez Salmón),  una buena representación del cura de pueblo de la época, lanza a sus lacayos Ezequiel y La Muerte al bosque para dar caza al criminal

El amo se levanta y mira por la ventana.
          -Esa luna enloquecerá a los perros. Se volverán tan salvajes como el padre Aguirre.

La noche avanza como avanza la tormenta feroz de la noche. El maestro escuela Homero se cuestiona a sí mismo, bucea en su pasado escribiendo sobre la fundación de Promenadia, nada es gratuito, cada palabra importa, cada segundo de narración tiene un sentido. Fuera, a lo lejos, los intermitentes disparos de escopeta le estremecen. El narrador nos cuenta mucho más de lo que podemos aprehender. Es entonces cuando descubrimos que La noche feroz tiene más víctimas de lo que creíamos y que una de ellas puede ser ni más ni menos que la verdad.

Ricardo Menéndez Salmón ya escribía sobre el mal mucho antes de su más famosa trilogía. En La noche feroz el lector puede sentir ese mal, más que leer sobre él. Estructuralmente la novela es perfecta. De una aparente sencillez, cada elemento se encuentra en su coordenada exacta. Sobresaliente el uso del lenguaje, el empleo de los nombres y los verbos de lo rural; sobresaliente, por supuesto, la metáfora siempre brillante en los textos de Menéndez Salmón, así como la forma de manejar a las criaturas surgidas de su ficción, todos ellos como peonzas girando alrededor del inagotable motor que mueve y reparte el mal. Nos da la sensación de que el autor podría escribir sobre cualquier cosa, que su capacidad creativa y conocimiento de la técnica le harían un autor destacado en una literatura más lucrativa. Pero como se decía en una reseña anterior, Menéndez Salmón es un autor de obra, y su obra tiene un objetivo. En La noche feroz mantiene el pulso de la intriga al nivel de los mejores de la novela negra, sus silencios están llenos de información que el lector fácilmente puede tomar en cualquier momento. 

Novela breve y de lectura sencilla La noche feroz es rematada con elegancia. Todo ha encajado. Cerramos el libro, lo depositamos en su lugar de reposo y al marcharnos aún giraremos la cabeza para mirarlo y para decirnos que realmente este mundo alberga horrores, y que estos, no están lejos ni en corazones puramente malvados, sino que lo llevamos encima cada uno de nosotros. Así es el mal, nos recuerda casi siempre la obra del asturiano Ricardo Menéndez Salmón.

Reseña realizada por Eduardo Flores (@EadWardBloom) de La victoria de la carne.

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