domingo, 19 de julio de 2015

The lady and the unicorn

Título: The lady and the unicorn
Autora: Tracy Chevalier
Editorial: Harper Collins
Páginas: 293

Sinopsis


Paris, 1490.  A shrewd French nobleman commissions six lavish tapestries celebrating his rising status at Court. He hires the charismatic, arrogant, sublimely talented Nicolas des Innocents to design them. Nicolas creates havoc among the women in the house—mother and daughter, servant, and lady-in-waiting—before taking his designs north to the Brussels workshop where the tapestries are to be woven. There, master weaver Georges de la Chapelle risks everything he has to finish the tapestries—his finest, most intricate work—on time for his exacting French client. The results change all their lives—lives that have been captured in the tapestries, for those who know where to look.


Opinión

Para los que ya hayan leído algo de Tracy Chevalier no les sorprenderá la increíble capacidad de esta autora a la hora de recrear historias relacionadas con conocidas obras de arte. Es algo que ya hizo, por ejemplo, con La joven de la perla en la que Chevalier hacía partícipe al lector de la historia que pudo haberse escondido tras la famosa pintura de Johannes Vermeer. Se trataba, sin duda alguna, de una narración ficticia que invitaba al lector a reflexionar sobre cuál pudo haber sido la historia verdadera tras esa maravillosa y enigmática pintura. Una buena manera de emplear la imaginación para rellenar los vacíos de la historia, al menos bajo mi punto de vista.

En The lady and the unicorn Chevalier vuelve a hacer lo que mejor sabe, es decir, contar como surgió y como se llevó a cabo la creación de lo que se ha considerado como uno de los más bellos conjuntos de tapices creados a finales de la Edad Media (Véase Wikipedia). Y lo hace con absoluta sencillez, tal y como lo hizo con La joven de la perla, recurriendo a una narración pausada y simple. Se trata, en este caso, de una novela coral (en la de La joven de la perla, la protagonista absoluta era Griet, quien iba narrando todos los acontecimientos), pues participan en ella todos los personajes implicados en la creación de los tapices. Una novela corta, sin grandes giros argumentales, que si bien no da pie a una lectura adictiva sí que resulta, al menos para mí, absolutamente placentera. 

Su punto débil reside, precisamente, en la abundancia de personajes. De hecho, cada capítulo está centrado en un personaje concreto que va narrando lo que va viviendo, por lo que la autora hace uso principalmente de la primera persona. La gran cantidad de personajes contrasta con la brevedad de la novela (apenas unas 300 páginas), que impide que los conozcamos en profundidad, aunque ciertamente cabe preguntarse si es necesario que los conozcamos más allá de la creación de los tapices. En este sentido los personajes no serían más que la maquinaria para la creación de lo que es el centro de la novela en sí: los tapices. De entre todos los personajes, el que más resalta quizás es Nicolas des Innocents, el artista parisino que aporta la idea de los tapices con sus pinturas. Es una especie de donjuán que, al menos para mí, resulta del todo antipático. Lo cierto es que ninguno de los personajes han llegado a gustarme del todo, pero si tuviera que elegir uno de ellos, sin duda alguna me quedaría con Aliénor de la Chapelle, porque me parece el personaje más noble, más inocente, fuerte y con una gran capacidad de superación. Su ceguera no le supone una barrera a la hora de ayudar a su padre con el tejido de los tapices. De hecho, me ha gustado muchas de las reflexiones que el personaje hace sobre su propia incapacidad y una de las que más me han gustado es la siguiente: I wonder if seeing would make honey taste sweeter, lavender smell richer, the sun feel warmer on my face (Me pregunto si la capacidad de ver haría a la miel más dulce, al olor de la lavanda más rico o al sentir de los rayos del sol en mi cara más cálido).

Pese a este punto débil, Chevalier ha sabido construir una historia en la que enseña al lector las dificultades que entrañaban crear un tapiz: desde que surge la idea en la cabeza del noble de turno hasta que se termina en el taller del tejedor. Chevalier va, en este sentido, paso a paso, dando a conocer al lector cómo pudo ser ese proceso, pero haciendo uso de su imaginación. Me ha gustado, sobre todo, la parte que se desarrolla en el taller del tejedor, George de la Chapelle, ya que en ella la autora no escatima en detalles. Hay un momento de la narración que me ha llamado profundamente la atención, y es aquel en la que el tejedor describe cómo se siente cuando por fin ha terminado un tapiz y puede darle la vuelta y verlo en todo su esplendor: Only when we cut the tapestry off the loom and lay it face-up on the floor do we get to see the whole work. Then we stand silent and look at what whe have made. That moment is like eating fresh spring radishes after months of old turnips. (Solo cuando cortamos el tapiz del telar y lo ponemos boca arriba en el suelo podemos ver la obra completa. Entonces nos quedamos en silencio y miramos lo que hemos creado. Ese momento es como comer rábanos frescos de la primavera después de meses de haber comido nabos viejos). Sus palabras dejan ver implícitamente lo laborioso que debía ser todo el proceso de tejido y la presión que los maestros tejedores debían experimentar, no solo para llegar a la perfección, sino también para ajustarse a las normas del gremio, a los gustos de los patrones, a las condiciones económicas y de tiempo. En este sentido, la novela de Chevalier llega a ser realmente didáctica. 

Un último detalle a resaltar es el epílogo final. En él Chevalier da vida real a sus personajes contando que pasó con ellos tras la entrega de los tapices. La autora, sin embargo, no miente e indica que son personajes ficticios en su mayoría, igual que toda la narración es pura ficción. Sin embargo, Chevalier añade un detalle interesante que yo, como buena historiadora, no puedo dejar pasar de largo. Y es que tras el epílogo, en las notas del autor, Chevalier ofrece una breve narración de lo que fue este conjunto de tapices y su pequeña historia, e igualmente ofrece una escueta bibliografía que demuestran que, pese a que su novela es un ejercicio de imaginación, la base, el transfondo, es totalmente histórica. Este detalle es de agradecer.

En definitiva, The lady and the unicorn es una novela que gustará a todos aquellos lectores que ya disfrutaron de La joven de la perla y que saben que Chevalier no es una novelista de increíbles giros argumentales, sino de narraciones sencillas y pausadas. Yo he leído el libro en inglés, desconozco si hay una edición en español. Se trata de una lectura fácil, con un vocabulario simple (a excepción de algunas palabras en francés y algunos términos propios de la actividad de tejer), por lo que no debería resultar excesivamente complicado a todos aquellos que tenga una base.

Aquí os dejo uno de los tapices que componían en el conjunto para que veáis porqué la autora ha decidido recrearnos su historia. Este concretamente es el que se titula À mon seul désir (Mi único deseo)



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